Soy Daniel, y en condiciones normales no debería estar aquí

Daniel Rodríguez

El 5 de agosto de 2018 un señor terrícola volvía de la playa con su Seat Ibiza, conduciendo a 120 km/h por la autovía de Alicante a Murcia.
No iba demasiado rápido, el problema es que hacía calor, y se había bebido unas pocas cervezas en la playa, y se le cerraban los ojitos al volante.
A punto de llegar a Murcia, a su casa, cerró los ojos un poco más de la cuenta… y al abrirlos, tenía delante una autocaravana enorme.

Dio un volantazo para esquivarla, pero ya era tarde.

Impacto.

La autocaravana salió volando por los aires, dando vueltas de campana mientras se deshacía en mil pedazos.
60 metros hasta detenerse.
¿Puedes imaginarte qué se te pasa por la cabeza en ese momento a los que iban dentro?

Yo te lo cuento, porque conducía aquella autocaravana.

Es una de estas 3 opciones:

  1. Piensas en Sócrates, Aristóteles y Platón
  2. Ves tu vida como en una película
  3. Sólo alcanzas a decir en voz alta «no puede ser»

No, no piensas en Schopenhauer.
No, no piensas en tu vida.
No piensas en nada. Sólo quieres que se acabe. Saber si los tuyos están bien.
En ningún momento te das cuenta de que todo se ha roto.

En cuanto aquello se detuvo, grité «¡¡¡niñas!!!»
El segundo que tardaron en decir «¡estamos aquí!» se me hizo eterno…

Pero estaban bien.
Y entonces, sólo entonces, empezó el dolor.
Mi brazo izquierdo estaba destrozado y no podía moverlo.
Lo importante: estábamos vivos, y extrañamente estaba calmado.

Aquel día volvimos a nacer.
Perdí algunas cosas.
Gané otras.

Gané más que perdí.

Accidente agosto 2018 Accidente agosto 2018

Aquello fue un máster de 3 años y medio, 8 operaciones y 2.000 sesiones de fisio

La mitad de las sesiones de fisioterapia las pagué de mi bolsillo, gastándome la mitad de la indemnización por el accidente.
La otra mitad la invertí en un par de negocios, porque no me fío nada del sistema de pensiones español.

Estudié mucho para encontrar en qué invertir, pero en realidad fui impulsivo —y en parte algo inconsciente— para decidirme.
En realidad, el Daniel emprendedor siempre estuvo ahí, el accidente lo liberó.

Los negocios me fueron bien, aprendí un chorro incluso de los que murieron.
En la newsletter cuento todo lo que aprendo de todo lo que me ha pasado y de todo lo que he estudiado y de todo lo que he probado.

Empecé siendo diseñata, luego profesor universitario, pero ahora sé que ser no es eso

Soy me llamo Daniel Rodríguez Valero, y eso es lo menos importante, pero si quieres googlearme, ya tienes material suficiente.

Soy el vehículo —bueno, el 50%— a través del cual vinieron las dos mujeres más guapas y listas a este mundo: Inés y Bego.

Soy el guardián de la puerta, el responsable de que no les falte nada, de que estén a salvo y de que tengan herramientas para crecer, evolucionar y perseguir sus propósitos.

Soy trabajo como profesor universitario, pero uno raro. Uno que mantiene un pie en el mundo real, que invierte, emprende y después lo cuenta.

Soy me formé como diseñador (si te gusta la tipografía de esta web, la hice yo, la web también), pero ya no diseño para nadie. Lo hago en mis proyectos. Mi forma de trabajar es de diseñata.

Soy tauro, ascendente leo y luna en piscis, temperamento colérico con subdominante melancólico, criado entre sanguíneos con los que no cuadraba del todo. Eso me hizo sentir raro, no me integraba, y Danielito llegó a la conclusión de que no era suficiente.

Soy suficiente. Tengo talento, como todo el mundo, y llevo desde 2018 haciendo el viaje interior que siempre esquivé. Y como lo esquivaba, el universo me mandó un accidente de tráfico mortal-no-mortal para que despertara. Y desperté.

Entendí mi temperamento, mis ganas de emprender, de hacer cosas, de montar proyectos, de conseguir metas. Los acepté. Quité el pie del freno y todo aceleró, y en alguna curva me salí.

Después de entender el punto de partida, tocaba el destino. Me detuve a pensar qué quería para mí. Me divorcié, arriesgué, la cagué y volví a empezar. Averigüé qué hago aquí y cuáles son mis propósitos.

Uno de ellos es cuidar, proteger y proveer a los míos. Para eso se necesita fuerza, habilidad, valor y dinero. Por el útlimo estoy escribiendo esto. No persigo cochazos, ni novias operadas, ni mansiones, quiero tener la tranquilidad de poder cubrir las necesidades de los míos, cualquier improvisto o urgencia, y llevármelos de viaje por tooooodo el mundo.

Daniel practicando artes marciales
Llevo practicando artes marciales desde 2001, con eso te lo digo to; aquí Tasaka Sensei casi me parte el codo...
Daniel en restaurante de Shingu
Aquí me tienes en un restaurante de Shingu, elegimos la comida a voleo porque estaba todo en japonés; deliciosa la sopa

Quiero tener una vida digna de contar

Contarla también. Por eso tengo una newsletter, y por eso puedo ayudar a gente a pasar por donde yo ya pasé, y esquivar lo que yo no esquivé (y no me refiero al Seat Ibiza).